lunes, 26 de marzo de 2012

El valor de "el tema"

"La exposición “la leyenda Dorada” se compuso de 17 telas y dibujos. Unas treinta en total. Pero es que nadie, nadie aceptó aquella exposición. Bueno, era muy difícil, porque volver a una figuración en una galería que era la vanguardia era muy contestatario. Fue como un sacrilegio". 

Inauguración de la exposición, 23 de abril de 1963
A la derecha, Julien Alvard, Manuel Duque y Denisse Breteau.
Galerie Breteau, París.
"Mi interés con el clarooscuro y con el grafismo no era todavía afirmar la figuración. Fue con la “Leyenda Dorada” que yo introduje la figuración. ¿Por qué la Leyenda Dorada? Necesitaba introducir en mi pintura un tema, el tema. Hasta ahora había hecho una pintura totalmente abstracta, es decir, con evocación solamente, y ahora tenía que introducir el tema. Pero claro, el tema no me tenía que llevar a ponerme a pintar delante del modelo. Sin embargo necesitaba un modelo para introducir mi pintura, y la verdad es que lo primero que hice fue pensarlo muy bien, por que para mi era imposible ponerme delante de un modelo y pintarlo, por que esto sería retroceder cien por cien y mi intención no era retroceder, era rehabilitar la pintura. Y no iba a conseguirlo por medio de unos temas.

Ahí tuve que emplear un poco la cabeza y al mismo tiempo la emoción. Pero como introducir el tema no debía consistir en ponerme delante de la naturaleza y copiar lo que yo veía, o ponerme delante de un modelo y copiar... Me era muy difícil entender qué camino seguir, por que tampoco se trataba de transcribir lo que yo veía, que es lo que piensa la gente que es la figuración. Yo, si he vuelto a una figuración, no es desde una reproducción. He vuelto a un sujeto. El sujeto puede ser figuración, pero no es copia, no es descripción de otra cosa que está ahí fuera. Es lo que yo llamo tema, y que yo entiendo que es lo mismo. Yo tengo que entender el tema en mi manera de evocar. Yo pienso que yo no transcribo, si no que evoco, que no es lo mismo. Evocar no es lo mimo que copiar. 

Yo no me quería convertir, por ejemplo, en un Antonio Lopez, que lo que hace siempre es dejar sus ojos sin tomar su alma... Y si a veces pone su alma es por que no se ha sabido contener. Yo no podía ponerme a describir la naturaleza, como los simples de los realistas, que es lo más tonto. Ya ha quedado claro que no nos hace falta: tenemos aparatos de fotos para describirlo mucho mejor de lo que puede hacer un hombre.

Si elegí la Leyenda Dorada como tema es por que me quise distanciar de lo que yo llamo realismo. Pensé en los griegos, que habían inventado la literatura a través de la vida, y esta literatura se había cristalizado a través de una palabra: el mito.

La mitología no tenía definición, sino al contrario, era aquello que quedaba como un sueño. Para mí la mitología es una de las primeras realidades que tenemos, que es una realidad metafísica, no es objetiva, es una realidad totalmente intelectual. La mitología es alguna cosa que queda de lo real, pero al lado de nuestra realidad. Bueno, es más un ideal que una realidad. Y eso me era muy útil. En lugar de acercarme a la naturaleza me acerqué a mi concepción, es decir, a mi intelecto si quieres. Tomé la mitología como base para hacer una pintura. No tomar mi pintura para hacer una mitología. Era un pretexto".



Cartel original de la Exposición de 1963 
portada del libro de Manuel de "La Légende dorée"

"Tomé la mitología griega, que es la más clásica y la más inmoral. Recurrí a un libro que se titulaba la Leyenda Dorada. No cambié nada. Hasta incluso copié la portada. Pero claro, añadí algo más, le puse: “ou le retour a une literature picturale”. 
Que por cierto no lo entendieron, por que cuando la gente vieron la exposición, a algunos les gustó, y me decían, “pero su pintura no es literaria”. Y yo respondía “pero tampoco he dicho que lo fuera, no he hecho “une peinture litterarie” sino que me he inspirado en la literatura para hacer pintura”. No pintura para hacer literatura sino “une litterature picturale”. No se trataba de ilustrar la Leyenda Dorada sino que mi propósito siempre era rehabilitar la pintura, darle importancia a todo lo que se puede llamar pintura, a todo lo que comporta los valores pictóricos".

       
La chute d´Icare, 1963, Manuel Duque
Le char d´Apollon, 1963, Manuel Duque

"Los episodios que elegí de la Leyenda Dorada eran los que en aquel momento había leído, y que me pasaban por la cabeza. Los títulos son frases del libro. Yo no quería que los pusieran. Los puse cuando Mme Breteau hacía las fotos y ponía detrás los títulos. Yo no quería que Mme Breteau me pusiera a  decir “éste es tal y éste es...” pero ella no lo entendió. Uno por ejemplo, la caída de Icaro, al margen de que me inspirara en la caída de Icaro, no he querido hacer a Icaro cayendo, sino que me he inspirado en ese hecho. Así que yo no podía poner “la caída de Icaro” sin llevar a equívoco de qué era lo importante. Es que esto mismo me ayudaba para... Es que la exposición tenía ese otro sentido que la gente no llegó a ver: el tema era un motivo pictórico". 

"Había cuadros totalmente pintados como si yo fuera un primitivo. Incluso hubo telas en donde yo recurrí al collage. Bueno, la gente me decía que se parecía un poco a Picasso. Sí, si tu quieres. Pero no. Lo que pasa es que cogía el dibujo de un tema de Poussin, el otro de van Dick... pero copiando, eh!. Aunque solamente en un dibujo de línea, como si lo había abocetado. Hice un carro de Poussin, como inacabado, y es que tenía una intención muy diferente, buscaba muchos blancos en la tela, la cosa lineal, gráfica, hombre, era muy artificioso... Es que lo que yo quería era volver de nuevo a un tema, pero pintando diferente".

      

Diana y Endimion, 1630, Nicolas Poussin
La bacanal, 1519, Tiziano

"Otro era un cuadro donde jugué con todo el fondo, muy bonito, un cuadro muy abstracto muy parecido a lo que haría años después... En mis cuadros de la leyenda dorada, si quitas la figura, el cuadro se ve pictóricamente, esto es, la figura no tiene importancia. Se trata de cómo lo he pintado, bueno, sobre todo es la intención de volver al sujeto".

        

Manuel Duque,  Au séjour de l´éternelle félicité , 1963
Manuel Duque, Sin título, 1970

"Después hice otro con bastante materia pictórica. Y más cosas. Es decir, que cada cuadro tenía un aspecto diferente pictóricamente hablando, no eran solamente una ilustración de la leyenda dorada. Y no todo eran óleos. Dos dibujos eran ceras de color, pequeños.
  
¿Por qué cogí figuras de grandes pintores para incorporarlas a algunas telas de la leyenda dorada? Para tener alguna alusión a la obra de los maestros, es decir, para que tuvieran  referencias a la historia del arte, aunque solamente fuera una simple alusión. Rehabilitar la pintura no quiere decir que haya que volver al pasado, por que claro, yo no quiero decir con estas exposiciones que hay que volver de nuevo a Rafael y todo esto. Eso es imposible. Lo que yo quería aportar era (el tema como esqueleto, como estructura del cuadro)".

 Manuel Duque
(extracto de Entrevista con Maite Barrio)
 


sábado, 24 de marzo de 2012

Manuel Duque vous propose LA LÉGENDE DORÉE DES DIEUX ET DES HÉROS ou le retour a une litterature picturale.

 

El 23 de abril de 1963, a las 9 de la noche, Manuel inauguró en la Galeria Breteau de París la que sería la exposición más importante de su vida, entendida como acto público. En ella, y anticipándose en unos años a lo que sería el devenir de la pintura, dio un paso aparentemente sin precedentes en su trayectoria experimental: abrazó la figuración como lenguaje pictórico. En este acto trascendental confluye toda su reflexión pictórica anterior y le sirve de base para todo su trabajo posterior. La Légende dorée des dieux et des héros siempre estuvo en el centro de todo el discurso de Manuel. Siempre que hablaba de su pintura hablaba de ello como su mayor logro: la superación de la abstracción.

Neptune, 1963
óleo sobre tela, 269x160 cm 


Sin título, 1963 
óleo sobre tela, 195x247 cm

Le char d´Apollon, 1963
óleo sobre tela, 195x248 cm

La chute d´Icare, 1963
óleo sobre tela, 150x200 cm

Les amours de Vénus, 1963
óleo sobre tela, 130x98 cm

Tu ne peux espérer la fin de cette agonie, 1963
óleo sobre tela, 150x199 cm

Au séjour de l´éternelle félicité, 1963
óleo sobre tela, 114x161 cm

Sin título, 1963
óleo sobre tela, 114x162 cm

Sin título, 1963 
óleo sobre tela, 97x130 cm

David et Goliat, 1963
óleo sobre tela, 114x162 cm


Le Parnasse, 1963
óleo sobre tela, 340x190 cm

Pegasus, 1963
óleo sobre tela, 149x198 cm

Sin título, 1963 
óleo sobre tela


Estudios para Pegasus, 1963
pastel sobre papel, 70x60 cm

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domingo, 18 de marzo de 2012

SOLICITUD DE COLABORACIONES


Mi conocimiento sobre la vida de Manuel es muy limitado. Todo cuanto voy escribiendo se basa en su propio testimonio y en el de aquellos que lo conocisteis y habéis tenido la generosidad de compartirlo conmigo. La documentación sobre él es apenas inexistente y bucear entre sus notas y su epistolario apenas arroja luz. 

Por eso, con el fin de poder relatar su periplo necesito ayuda de quienes lo habéis conocido y habéis estado allí. El tiempo pasa y lo que no se diga ahora, probablemente ya no podrá decirse nunca. Así que quiero animar, a quien crea que este trabajo merece la pena, a realizar el esfuerzo de recordar, y compartir, a través de este blog, su experiencia con Manuel.

No os dejéis guiar por el estilo del blog. Aquí tiene cabida la anécdota personal, el pequeño comentario, la reflexión, lo que sea. Una fotografía, un viaje, un recuerdo, una modesta reflexión estética, no importa. Todo es enormemente valioso.

Yo lo publicaré como me digais: literalmente o arreglado. Podeis ver la experiencia de Oriol Vilapuig o de Patrice Goulet en el blog (a quienes aprovecho para animar a escribir algo más). Pero no os dejéis intimidar por su calidad. Este blog reclama también otro tipo de entradas más informales.

Por si os da ideas os enuncio una serie de momentos que se me ocurren interesantes:

-La salida de Manuel de París.
-Anselme de Boix-Vives
-La época de Manuel en Madrid (y la primera Naturaleza)
-Antonio Ballester
-Manuel en Sabadell

Os agradezco vuestro interés por este blog, y confío en que os animéis a hacer de él un instrumento con el que podamos ayudar a seguir viviendo a Manuel.

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domingo, 27 de febrero de 2011

Desde la senda del paisaje

Recientemente, y por azar, mi sobrino Martín, de dos añitos, hizo un dibujo precioso, increiblemente próximo a una tiza de Manuel que tengo en casa para cambiarle el cristal al marco. Por supuesto Martín no ha visto nunca el cuadro de Manuel, pero no sólo hay una cercanía cromática -¡es que son los mismos colores!-, sino incluso morfológica. Esto último tan solo puedo explicármelo debido a la insistencia de Manuel en trabajar desde una ergonomía del gesto, al buscar la máxima naturalidad, la sencillez primigenia en el acto de pintar. Mi sobrino, obviamente sin saberlo, hacía lo mismo, pintar tal cual le sale, sin miramientos, sin preparación, sin cálculo, dejándose llevar por el acto/resultado (que serían la misma cosa) de pintar.

Martín Segurado, sin título, 2011
Manuel Duque, sin título, probablemente 1972

Sin embargo, entre ambos dibujos hay una diferencia que no se puede obviar: la estructura. Mientras que el dibujo de Martín carece de una estructura definida, la de Manuel se articula desde una base naturalista, en este caso el estudio de un follaje. Probablemente este cuadro, que está sin fechar, fue pintado junto con otras tizas similares que datan de 1972, ya que en el periodo comprendido entre 1972 y 1978 únicamente trabajó este motivo.

Manuel Duque, sin título, 1972
Manuel Duque, sin título, 1972

Manuel comenzó a estructurar su pintura sobre una base figurativa al menos en 1962, como ya expliqué en otra entrada de este mismo blog (1), y merece la pena traer a comparación aquellos cuadros de la vanguardia moderna que condujeron al proceso inverso: eliminar el naturalismo y dar acceso a la abstracción. Por razones de conveniencia, voy a a utilizar en primer lugar uno de los cuadros de Bañistas de Cezanne, junto a un grafismo de Manuel que, de forma muy divertida, tiene una estructura muy parecida. Aunque no tiene título, lo llamaré también "las bañistas", esta vez de Manuel Duque.

Paul Cezanne, Les Grandes Baigneuses, 1899
Manuel Duque, sin título, 1962

El otro cuadro que utilizaré es un árbol de Piet Mondrian, ahora ya, trabajando para superar definitivamente el modelo. 

Piet Mondrian, árbol en flor, 1912
Manuel Duque, sin título, 1962

Es verdad que estoy recurriendo a aquellas tendencias de raíz constructiva, y que van de Cezanne al Neoplasticismo con su lugar central en el Cubismo. Y es porque quiero señalar una distancia. Si bien es cierto que en la pintura de Manuel también hay una raíz constructiva, un ejercicio de disciplina incontestable en el desarrollo de una técnica, también es cierto que ésta está siempre al servicio de algo que late antes y que va más allá del mismo hecho pictórico, y que reside en el alma misma del pintor. La técnica de Manuel es una herramienta de naturaleza lírica, y la emoción pictórica cristalizada es el vehículo, el camino, por el que el fuego de lo innombrable se abre paso. Y aquí, de nuevo, tenemos que mirarnos en el espejo que Martín, mi sobrino, nos brindaba con su involuntariamente hermoso dibujo.

(1) De garabatos y monigotes

javier segurado

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